Sebastián Martínez - 01/03/2026
En diciembre de 2001, Chris Jericho protagonizó una de las noches más icónicas de la Attitude Era al derrotar a The Rock y Stone Cold Steve Austin en la misma velada para convertirse en el primer campeón Indiscutido de WWE. Fue un momento histórico que lo colocó en la cúspide de la industria. Sin embargo, con el paso del tiempo, el propio Jericho ha reconocido que, internamente, no se sentía preparado para sostener ese peso.
En una reciente entrevista en el podcast Untapped, el canadiense explicó que alcanzar la cima no era el final del camino, sino el inicio de un reto mucho mayor. Convertirse en campeón implicaba un nivel de madurez, seguridad y control escénico que, según él mismo admite, todavía estaba desarrollando.
Cuando llegas a lo más alto como campeón, no puedes cometer errores. Tienes que estar completamente concentrado. Y cuando vencí a The Rock y Stone Cold esa noche, no estaba listo para ser el número uno absoluto.
Jericho matiza que aquel reinado no fue un fracaso, sino una etapa dentro de un proceso más amplio de evolución. Entendía la magnitud del logro, pero no fue hasta años más tarde cuando sintió que realmente dominaba todos los aspectos del oficio.
Señaló especialmente el periodo entre 2008 y 2009 como el momento en el que “todo encajó”. Fue entonces cuando consolidó una versión más completa de sí mismo: mayor presencia, confianza total y una comprensión profunda del ritmo narrativo dentro y fuera del ring.